Es dificil decidir, sea cual sea la decisión, no importa si es comida o ropa o cambios importantes siempre se toman cinco minutos para ver qué es lo mejor o lo que mas conviene. No importa cuánto tiempo le dediquemos a pensar en la mayoría de los casos queda el sinsabor, el "y qué tal" pero no somos Marty Mcfly y después de decidir solo queda hacerle frente a las consecuencias.
Toda esa compilación de obviedades solo para decir que hay una decisión que se salta las guardas de seguridad, no la pensamos, nos lanzamos de cabeza y como si estuviéramos en una competencia de cien metros planos al llegar a los cincuenta metros es que paramos un segundo a analizar... es solo un análisis de como vamos con esa nodecisión, ¿nos gustan las consecuencias? la mayoría dicen que sí, otros (y en este grupo me incluyo) agachan la cabeza y dicen bajito "creo que me apresure"
Apresurarse no es malo, eso nos decimos para darnos moral pero queda la duda "¿qué paso? ¿por qué sigue pasando?" es interesante que también alcanzamos a creer que la siguiente vez va doler menos, que no ya no nos va a importar pero -sorpresa sorpresa- se sigue sintiendo como si un cuchillo al rojo te atravesara el pecho.
Ese dolor en mi caso viene de tener que aceptar que una vez mas algo paso, algo que hice o algo que dije; porque siempre el culpable se encuentra metido entre cuatro baldosas y comparte nuestro color de ojos o por lo menos pensamos así... o yo pienso así.
Es un ciclo tortuoso: apresurarse, pensarlo, sentirse culpable y luego decir "renuncio"
¿alguna vez se acaba ese circulo?
Quería no alargarme pero mientras decidía cuantas lineas equivalían a "no alargarse" me pase del limite dos veces y decidí alargarme solo un poquito.