jueves, 18 de noviembre de 2021

Honestidad

 Las palabras tienen un peso a veces más a veces menos pero siempre tienen. 


Cuando digo Te Amo le pongo todo el peso que mi corazón puede dar, es la confesión más honesta que sale de mi, siento que debo decir esto porque esas letras contienen una intención que no quiero que se pierda en el tiempo. 

Pienso que me he acostumbrado a que las palabras simplemente salgan, me he desligado de muchas cosas porque a lo largo de muchos años de hablarme a mi misma me he creído mis propias mentiras y aunque, eso funciono durante un tiempo en este momento debo aceptar que ya no es posible seguir así. 

El hecho de tener que aceptar que debo hacer un cambio ha atravesado por todos los filtros de mi cabeza y he encontrado tanta resistencia en mi misma que hasta este momento no lo había aceptado. 

Considero que hay muchas cosas que estoy dispuesta a perder o ceder pero mi futuro al lado de alguien que considero valioso no es una de esas cosas. 

Claro que tomar el paso inicial puede ser lo más duro pero es más dura la incertidumbre de no saber en que momento puedes perder a la persona que más quieres. 

Considero esto como mis propositos de año nuevo, donde establezco la meta de algo sin tener la idea de cómo voy a llegar ahí solo que en este caso sé claramente cómo voy a llegar ahí porque tengo a mi lado a alguien que me apoya y me da consejo. 

Sé ahora que cuento con un privilegio tan grande como la tierra misma, el privilegio de contar con una persona en mi vida que me brinda su mano cuando estoy cansada y que me apoya cuando quiero desfallecer, que me cobija si quiero descansar y que me ama de la mejor forma que sabe hacerlo. 


Quiero también ser todo eso para él.  

lunes, 8 de noviembre de 2021

Ansiedad.

 Mi corazón late a mil por hora. 

Mientras a mi alrededor todo sucede con la parsimonia de un lunes en la mañana.

En mi oido suena bacilos y trato de calmarme porque no ha pasado nada. 

¿una conversación tal vez? ¿la consciencia de verdades en mi vida? 


En tal caso, mi cuerpo se siente como un tambor gigante, como si fuera el sonar de un murcielago revotando en todas las superficies mientras en mi exterior permanezco impasible tecleando cualquier cosa típica de un lunes. 

Un correo, un informe, una hoja de word destinada a no volverse a leer nunca más.

Pensar que a veces el sosiego se nos escapa por creer que los otros saben algo que uno no, y están ahí, tranquilos haciendo sus cosas de lunes sin sentir un tornado en el estomago. 


Encuentro relajante oír canciones que suenen al vaivén de las olas chocando en el oído.