domingo, 30 de agosto de 2015

El Arte De No Saber Escribir.

Pase un tiempo  bloqueada, no me surgían las palabras y ningún tema era suficiente para dejarme llevar. Probé ideas “nuevas” tal vez si trato de escribir un cuento… pero seguía sin sentirme satisfecha con el resultado así que pensé ¿por qué  no escribir sobre lo difícil que se vuelve escribir? Me pareció una idea buena ya que de lo que más puedo hablar ahora es de lo vacía que me siento cada vez que abro una página en Word y veo titilar a mi buena amiga la rayita negra que en este momento no logro recordar cómo fue bautizada o cuando intento escribir a mano pensando que sí vuelvo a las raíces tal vez recupere la musa pero nada, después de cinco líneas aleatorias donde pruebo todas las maneras de escribir mi nombre renunció. También quiero sumar a mis frustrantes intentos de escribir el hecho de que ahora soy aún más consciente de mi falta de técnica y que nunca sé dónde va punto o una coma o un punto y coma, qué no tengo ni remota idea de qué es una coma vocativa y de qué hace muy poco descubrí que había un presente pluscuamperfecto. Así que aun con todas estas cosas encima quise escribir que no tengo ni idea como escribir.

El problema empezó cuando me gradué del colegio  y ya no podía escribir cuentos en todas las clases; mis mejores cuentos siempre fueron en Matemáticas porque odie tanto esa materia que me dejaron pasarla solo para no ver mi cara porque perdí de sexto a décimo cada uno de los periodos de matemáticas, álgebra, trigonometría y una que no me tome ni la delicadeza de recordar el nombre y lo mejor era que siempre tenía una excusa: de sexto a octavo me toco una profesora desvergonzada que no enseñaba nada sino que hablaba por celular así que no me quedo otro remedio que ignorar todo.

(PAUSA POR UNA CRISIS DE AGUACATE EN LA COCINA)

Bueno no quiero alargar el drama con mis profesores de matemáticas, esa historia es para después, aquí estamos hablando de que en la parte de atrás de todos mis cuadernos tenía las mejores historias de amor que se pudiera imaginar una niña de 13 años que por tímida y “rara” no pensaba en lo mismo que sus compañeras y (esto es tomado de la realidad) por eso era la mejor amiga relegada del grupo. Otra historia que tal vez algún día cuente.

Aunque mis mejores historias salían de las clases de español de las que ahora sé eran pésimas o yo tenía un déficit de atención gigante que nadie nunca noto porque no se muchas cosas básicas que debería saber, aun así fui la mejor alumna de Español todos los años menos esa vez que nos llevaron un practicante medio periodo que por alguna razón desconocida me paso todos los exámenes perdidos y los talleres y los orales, en fin, tal vez el sí vio mi déficit pero no lo dejaron curarme porque no solo no le valieron su calificación sino que al próximo corte no lo vimos más (Donde quiera que estés perdóname ahora sé que tenías razón)
  
Pase el colegio explotando mi vena escritora como les decía pero a la hora de la verdad no tenía nada, ni siquiera sabía dónde poner una tilde, aunque la imaginación me decía lo contrario porque podía inventarme una historia en una rascada, lo difícil era ponerla en el papel; dibujar no es lo mío, lo sé porque lo intente y eran garabatos que a mucho honor quería pero no dejaban de ser garabatos así que sé que lo mío es inventar. Solo eso. Entonces busque soluciones desesperadas, me abrí un blog que prometía ser la solución a mis males ya que se podían escribir historias cortas y con errorcitos por aquí y por allá donde lo importante era la intención pero el salto creativo solo me duro tres entradas y volví a verme a solas con mi amiga la raya negra titilante, ya en este nivel no nos queríamos y sentíamos que debíamos terminar la relación por lo sano.

Como seguí teniendo ideas locas pero muy cortas y muy flojas me quede en Twitter donde todo cabía y te iban corrigiendo en tiempo real, el ejercicio se volvió muy bueno para la técnica pero cuando quise sentarme a escribir ya enterada un poco más de todo lo que debía saber había perdido a mi parecer el toque.


Recordé que la entrada era sobre no saber escribir y ahora que ya hice un breve paseo por mi vida, retomo, creo que nadie sabe realmente como escribir y cada quien lo intenta lo mejor que puede. Lo importante es que cuentan con lo que todos los que queremos escribir deberíamos tener: ideas. 

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