Mi corazón late a mil por hora.
Mientras a mi alrededor todo sucede con la parsimonia de un lunes en la mañana.
En mi oido suena bacilos y trato de calmarme porque no ha pasado nada.
¿una conversación tal vez? ¿la consciencia de verdades en mi vida?
En tal caso, mi cuerpo se siente como un tambor gigante, como si fuera el sonar de un murcielago revotando en todas las superficies mientras en mi exterior permanezco impasible tecleando cualquier cosa típica de un lunes.
Un correo, un informe, una hoja de word destinada a no volverse a leer nunca más.
Pensar que a veces el sosiego se nos escapa por creer que los otros saben algo que uno no, y están ahí, tranquilos haciendo sus cosas de lunes sin sentir un tornado en el estomago.
Encuentro relajante oír canciones que suenen al vaivén de las olas chocando en el oído.
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