Los jueves son días por lo general aburridos porque les tocó existir siendo la antesala del viernes.
El jueves, es un día sencillo, de no hacer planes por lo general, de oír la playlist de todos los días. Es un día en el que poca gente se siente especial.
Pero ayer no fue un jueves de esos jueves aburridos, ayer el jueves fue una puerta que se abría ante mi.
Sucedieron muchas cosas pero quiero hablarles del cielo sin estrellas que tuve la oportunidad de ver.
Salí de mi terapia a las ocho de la noche, llamé a una amiga con la que había quedado de encontrarme. Ella no me contesto. Entonces salí a la calle y pensé en pedir un taxi para llegar a mi casa, hice el intento pero me di cuenta que el costo estaba muy elevado y como estoy en un periodo de ahorrar decidí irme caminando hasta la estación del MIO más cercana, que era medianamente lejos pero seguía siendo caminable.
En el momento me di cuenta que la noche estaba muy linda y era bueno caminar entonces arranqué.
Iba muy atenta al camino, mirando todo, sintiendo el frío de la noche y sintiendome apacible.
En un momento vi un edificio con un cartel de "se arrienda" y me pareció muy bonito, por lo que pensé en acercarme a una tienda-mercadito en la esquina para preguntar si tenían idea de qué rango sería el arriendo de ese sitio tan lindo.
Cuando llegué compré un jugo para el hambre y me acerqué a pagar y a preguntar por el edificio, la cajera que estaba atendiendo a una señora muy amable, me dijo "Que pena, no sé", una señora que escuchó mi pregunta me dijo que no sabía cuánto costaba ese pero que sí sabía de los que estaban a la vuelta.
Como dijo "a la vuelta" decidí asomarme a mirar, caminé dos pasos y vi una casa, sencilla de tres pisos con una peluquería en el primero y un letrero gigante de "se arrienda"
Le tomé una foto.
Cuando me di cuenta tenía a la señora detrás de mi diciendome "esos no son, venga yo la llevo" y me hizo caminar hasta la mitad de la cuadra.
Me mostro un edificio que se veía recién construido y marcó un numero en el citofono.
Le contesto una voz masculina con acento español.
Les voy a ahorrar todos los detalles de esa parte porque estuve veinte minutos hablando con él antes de que me dejara entrar a verlos y fue la experiencia más maravillosa de mi vida.
Me contó los pormenores de la construcción, de los apartamentos, de sus planes, y me mostró el tercer piso.
El tercer piso todavía está en construcción, esta en obra negra y tiene una terraza.
Fue muy extraño subir con un completo desconocido a un edificio a medio hacer pero valió totalmente la pena.
Salimos al aire libre en medio de toda esa oscuridad y mire al cielo, vi un cielo azul lleno de nubes y sentí calma, como no la había sentido en mucho tiempo. Fueron dos minutos de paz antes de que Angél me volviera a enviar de regreso a la calle con la promesa de que uno de esos huecos, llenos de cemento y oscuridad en un futuro muy cercano se volvería mi nuevo hogar.
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